43 años que cambiaron el mundo

Ayer la Nasa, después de 8 meses de trayecto, consiguió poner sobre el planeta Marte un nuevo explorador robot que durante unos dos años, probablemente mas, gracias a su maravillosa batería de plutonio, con el que recorrerá un trocito del planeta rojo para realizar fotos y experimentos in situ. El objetivo, conocer más sobre el planeta, entre otras cosas si en algún momento albergó vida, y de paso seguir allanando el terreno para una posible futura misión tripulada.

Hace unos días, el 16 de Julio, se cumplían 43 años desde que Neil Armstrong pisó la Luna. Sé que quizás las comparaciones no son del todo justas, pero a falta de que tengamos un nuevo Armstrong dejando su huella esta vez sobre tierra roja, creo que comparar estas dos situaciones es más que conveniente, al menos por el momento, para poder apreciar el cambio que hemos sufrido. Mi ánimo no es compararlas en complejidad, horas de trabajo, ingenieros o presupuesto, porque no habría lugar para ello, cada una fue extraordinaria para el momento en que fue realizada, tuvo sus motivaciones históricas mas el mismo espíritu de superación.

La grandeza de ambas situaciones es más que obvia, nadie la niega, ya sea conseguir que un ser humano pisara la Luna o poder poner con precisión un ingenio tecnológico construido por el hombre sobre la superficie de Marte sin un rasguño.

Más bien, este post viene a comparar dos momentos, y se me ocurrió observando a mis padres desayunar mientras veían a través del canal de la NASA en el Ipad llegar las primeras imágenes enviadas por el robot, es en ese momento en que puedes apreciar dónde podemos ejercer la comparación más importante, que es observándolos a ellos, a su generación, la misma que ha vivido ambos acontecimientos.

Mucho ha llovido desde que mis padres vieron a Neil Armstrong una madrugada de verano en una tele enorme en blanco y negro en el salón de casa de mis abuelos, una imagen borrosa que poco hacía entender lo que estaba pasando. Mucho ha llovido desde aquella televisión “dinosauria” que casi no se veía, a tener tan sólo 43 años después en sus manos un dispositivo portátil que apenas pesa lo que un cuaderno, y que es tan potente que les abriría la ventana que les traería Marte, con total nitidez y con todos los detalles.

Como veis, la única comparación es la que el propio mundo nos ofrece, el poder apreciar todo lo que ha cambiado desde aquel 16 de Julio de 1969 al 6 de Agosto de 2012, una tecnología que por ende nos ha cambiado a nosotros, y a ellos, que la han visto cambiar, y que ha cambiado también el mundo sin restarle un ápice de grandeza ni la dimensión del logro.

Hoy admiramos lo que han conseguido en el JPL de la Nasa, pero curiosamente nos hace admirar mucho más lo que hicieron un puñado de aventureros, con la tecnología en pañales de entonces, y que lograron ni más ni menos que llegar a la Luna.

Godspeed Curiosity 🙂

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